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domingo, 28 de febrero de 2016

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Tenías razón amigo, debía hablar de nuevo con ella, hace como un año que lo hice y terminó el laberinto un par de meses después.

Sabes de mi capacidad para hacer laberintos, crearlos de la nada y perderme. Se me ocurrieron muchas cosas y casi digo todo. Faltó decir lo difícil que significaba alejarme, sin hablar con ella, sin las charlas con chocolate o conduciendo distraído, sin llamadas a media madrugada escuchando el cuento de sus pesadillas, y las tardes de fin de semana explicándole las mías.

Pero mi ausencia y su ausencia eran menos tormentosas al hecho de escucharle que salía con alguien. A la resignación que a todos nos ocurre alguna vez en la vida, supongo, cuando te enamoras de tu mejor amiga... (y que pones esa etiqueta inútil nadamás para justificar), de que ella quería a alguien, y mucho más, para que mis charlas pasaran a décimo término de importancia.

Me impresionaba el hecho de que tan rápido, una tarde, dejó de contactarme. Fue mi primera lección de que las personas siguen su curso, y que no importa nada más, es una ley de vida, también lo he hecho supongo.

Por esos días sospechaba que ella había conocido a alguien antes de decirle lo que sentía, y que con su inteligencia de mujer ya sabía. Lo supe esa misma tarde cuando bajaba del quito piso de la biblioteca, para comprar unas pasitas de chocolate, y la miré estudiando con alguien. Las personas que comienzan a enamorarse mutuamente tienen el aspecto que ví en mari aquella tarde con el chico que la acompañaba. Preferí no acercarme a saludarla, era incómodo. Compré las pasitas de chocolate para apagar el hambre que tenía y así seguir con mi obsesión por resolver mi tarea, de la cual no entendía un carajo. Pero me ataladraba la mente, pensaba en el aspecto de los enamorados, el tormento del hambre y la obsesión que se frustraba al no entender la tarea.

Regresé a casa, y pasé cerca de las escaleras donde acorde en verla algunas veces. Ahí estuvo una de las últimas veces que la vi con sus manos frías.

Caray, a quién se le ocurre enamorarse de alguien que anduvo con uno de tus mejores amigos, y que en principio, supongo, fingía ser amiga para obtener información de él, qué clase de traición es esa. Por mi parte, desde luego, disfrutaba ver sus lunares que parecían planetas, sus irresistibles caderas, ojos oscuros, luz opaca en contradicción de las estrellas.

Tenías razón amigo, le dije lo que debí decir hace años, se lo dije sabiendo que no tendrían respuesta mis peticiones, pero que más daba. Lo hice, pero falto algo más. No lo se amigo, parecía vergonzoso decirle que, aquella tarde cuando ella me dijo que quería a aquel muchacho, y además de que era evidente que estaba bien enamorada, decidí nunca más acercarme, pues esa misma tarde, por medio de una torpe carta declaraba lo que sentía por ella. Eso falto decirle.

También que ha sido uno de los actos más vergonzosos que he tenido.

Tenía que alejarme, pues era incómodo saber eso de que ella quería a alguien, ya sabes, por lo que yo sentía. Entonces supongo que es un acto de valentía y a la vez cobardía, es el sentimiento vergonzoso de los perdedores. Lo supe, a diario uno se topa con más de diez perdedores diciendo esto distintas formas, en distintas circunstancias.

Hoy sin querer escuché uno de aquellos discos que estaban de moda aquella época, parecía que se ajustaban a lo que estaba sintiendo aquellos momentos, aquellos días, que si presumiera de astucia ni siquiera lo mencionaría más. Pero ya pasó amigo, creo que ya no lamento darle importancia a eso, tal vez quiera decir que pasó el tiempo donde tenía importancia. Tenías razón...

El aprecio entre ella y yo se encuentra en un lugar ficticio, no es palpable en la realidad, realmente nunca fuimos importantes para ambos. Bien pudimos no habernos conocido y soñarnos como en aquellos sueños donde conoces gente. Eramos una especie de desconocidos contando pesadillas, que enfermo. Nunca hicimos algo por nosotros mismos, nada que no se pudo haber soñado formando estructuras lógicas para responder preguntas.

Creo que ella se dio cuenta antes que yo, o lo sabía y me dejó soñar. Nadie supo de nuestra amistad, de nuestras charlas. Siempre me escondí cuando tenía que verla, siempre supuse que estaba mal, cada tiempo arrojaba un argumento similar, a la fecha ¿tengo la sensación?

No lo se, simplemente está por ahí siguiendo su curso, como debe ser, como todas las personas.
Todo este tiempo me quedo sorprendido de la cantidad de personas que uno puede conocer y cada una tiene algo especial. Tenías razón amigo...

Creo que una persona no puede ser más especial que otra, cada una es un universo distinto. Simplemente decidimos explorar el que más nos interesa, y en ese momento se vuelve especial pues te concentras.
Una persona no puede ser más especial que otra, porque no puede afirmarse en estricto sentido hasta que conozcas a todas en el mundo, en todas las vidas, lo cual es imposible.

Varias veces he tenido la misma sensación, de que una persona es la más especial en el mundo, pero se vuelve más neutro cuando asimilas que algún día te fallarán. Es más realista, algunas veces uno se falla a si mismo, y eso es peor.

Y bueno, ella nunca falló, pues no pedí nada, hasta hace un año cuando sabía la respuesta, solo para calmar mi espíritu.

Siempre hay discos que recuerdan cosas, pero las personas nisiquiera son ya las mismas.

Y supongo, amigo, que preguntarías ¿quieres llamar?


No, no tengo ganas de escuchar pesadillas, ella tampoco.

Nuestras pesadillas han cambiado que son incomprensibles para ambos y es raro, somos más desconocidos de lo que éramos antes.

Ahora dirás... falto decir lo más importante.

Intenté verla de nuevo, pero, prudentemente evitó...   pero ya no es importante.

Algunas veces le gana el oscio ....




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