Mis amigos me aceptaron tal cual soy. Mis amigos entendieron que no tendría historias divertidas que contarles, esas historias donde conoces muchas personas y pasas aventuras, esas historias donde pruebas muchos postres, la comida del mundo, ¿a cuántas chicas conociste? Esa fue una pregunta que se fue sofocando lentamente en sus conversaciones. Fueron más generosos conmigo, preguntándome cómo estás, y que les contara de mi emoción por las piezas egipcias, les decía que en europa uno se tropieza sin querer con piezas egipcias, hasta el museo más cutre tiene algo de Egipto, pobre Egipto tan saqueado.
Y tal vez hay historias que no deban contarse, como cuando me reencontré con Eñe. Pues alguien me hubiera dicho que tenía que forzar el orden natural de las cosas o más bien yo lo habría interpretado así.
La miré en la recepción, nos saludamos como si nada pasara. Yo había sentido una punzada en el estómago, y me sudaban las manos. Pero me sudaron más tiempo, quiero decir que, todo el trayecto del viaje hacia Torino, y por la mañana antes de llegar a la universidad. Pero la punzada en el estómago y el sudor en mis manos desapareció más rápido de lo que hubiera predicho. Hola, cómo estás.
Nunca pensé decirlo, pero estos eventos académicos comenzaban a cansarme. Mirar las charlas de siempre, decir mi charla de mierda de siempre, donde pienso que voy a decir algo distinto pero nadie termina poniéndome atención por ser inmamable, pero sabía que Eñe entendería el chiste, cuando puse una slide en mi presentación con una foto de Kurt Cobain en el Unplugged, y con una frase que decía "I guarantee that I'll screw up this song". Y me quedé mirando a Eñe, mientras decía que haría una modificación al modelo clásico del magnetically driven .... etc etc. Eñe sonrió.
Terminó la tarde y Eñe se acercó, me dijo, ¿ya estás muy cansado verdad? ¿Quieres ir a cenar? Yo le dije que no, y en realidad estaba muy cansado. Y así estaba bien, en realidad si tenía mucha hambre, pero cenar con Eñe no era muy buena idea, tal vez no era buena idea estar solos cenando con una botella de vino. Yo había regresado a terapia, y ella estaba en su segundo mes de embarazo. Me lo contó en el museo Egipcio, porque me hizo prometerle que hicieramos algo, que debíamos hablar un poco.
Le dije que fueramos al museo egipcio, creo que es uno de mis rincones favoritos en el mundo. Me dijo que le tomara foto al lado de un sarcófago y me hizo prometerle que le enviara la fotografía por correo. No lo hice.
Me sentía más a salvo hablando en una cafetería, con un par de expressos. Para que conectara mi boca con lo que estaba pensando y también para poner atención a las palabras de Eñe. Y ese sería la última vez que nos veríamos. Pasando la tarde surfeando sus preguntas capciosas, y las preguntas incómodas. Me parecía incómodo y un poco injusto que Eñe tratara de preguntar lo que siempre había sido evidente. Eñe tiene mis mejores recuerdos y están con ella los mejores recuerdos, en el museo de su memoria y la mía, un rompecabezas que nadie podrá reconstruir. Y ninguna aventura divertida y jocosa que contar. Tal vez uno pueda hacer un hilo o una historia con palabras que no se dijeron, con eventos que pudieron ser y no ocurrieron, pero las historias cotidianas normales son así de simples y aburridas.
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