credits by: evtkw

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Museo egizzio de Torino

Mis amigos me aceptaron tal cual soy. Mis amigos entendieron que no tendría historias divertidas que contarles, esas historias donde conoces muchas personas y pasas aventuras, esas historias donde pruebas muchos postres, la comida del mundo, ¿a cuántas chicas conociste? Esa fue una pregunta que se fue sofocando lentamente en sus conversaciones. Fueron más generosos conmigo, preguntándome cómo estás, y que les contara de mi emoción por las piezas egipcias, les decía que en europa uno se tropieza sin querer con piezas egipcias, hasta el museo más cutre tiene algo de Egipto, pobre Egipto tan saqueado. 

Y tal vez hay historias que no deban contarse, como cuando me reencontré con Eñe. Pues alguien me hubiera dicho que tenía que forzar el orden natural de las cosas o más bien yo lo habría interpretado así. 

La miré en la recepción, nos saludamos como si nada pasara. Yo había sentido una punzada en el estómago, y me sudaban las manos. Pero me sudaron más tiempo, quiero decir que, todo el trayecto del viaje hacia Torino, y por la mañana antes de llegar a la universidad. Pero la punzada en el estómago y el sudor en mis manos desapareció más rápido de lo que hubiera predicho. Hola, cómo estás. 

Nunca pensé decirlo, pero estos eventos académicos comenzaban a cansarme. Mirar las charlas de siempre, decir mi charla de mierda de siempre, donde pienso que voy a decir algo distinto pero nadie termina poniéndome atención por ser inmamable, pero sabía que Eñe entendería el chiste, cuando puse una slide en mi presentación con una foto de Kurt Cobain en el Unplugged, y con una frase que decía "I guarantee that I'll screw up this song". Y me quedé mirando a Eñe, mientras decía que haría una modificación al modelo clásico del magnetically driven .... etc etc. Eñe sonrió. 

Terminó la tarde y Eñe se acercó, me dijo, ¿ya estás muy cansado verdad? ¿Quieres ir a cenar? Yo le dije que no, y en realidad estaba muy cansado. Y así estaba bien, en realidad si tenía mucha hambre, pero cenar con Eñe no era muy buena idea, tal vez no era buena idea estar solos cenando con una botella de vino. Yo había regresado a terapia, y ella estaba en su segundo mes de embarazo. Me lo contó en el museo Egipcio, porque me hizo prometerle que hicieramos algo, que debíamos hablar un poco.  

Le dije que fueramos al museo egipcio, creo que es uno de mis rincones favoritos en el mundo. Me dijo que le tomara foto al lado de un sarcófago y me hizo prometerle que le enviara la fotografía por correo. No lo hice.

Me sentía más a salvo hablando en una cafetería, con un par de expressos. Para que conectara mi boca con lo que estaba pensando y también para poner atención a las palabras de Eñe. Y ese sería la última vez que nos veríamos. Pasando la tarde surfeando sus preguntas capciosas, y las preguntas incómodas. Me parecía incómodo y un poco injusto que Eñe tratara de preguntar lo que siempre había sido evidente. Eñe tiene mis mejores recuerdos y están con ella los mejores recuerdos, en el museo de su memoria y la mía, un rompecabezas que nadie podrá reconstruir. Y ninguna aventura divertida y jocosa que contar. Tal vez uno pueda hacer un hilo o una historia con palabras que no se dijeron, con eventos que pudieron ser y no ocurrieron, pero las historias cotidianas normales son así de simples y aburridas. 

domingo, 7 de septiembre de 2025

Escape de la realidad

Nadie podia cuestionar a un muchacho encerrado en la biblioteca. No tenía facha de vagabundo, solo facha de estudiante universitario, mal comido, mal bebido, mal cogido, en fin, mal vivido. Lo que había en sus pensamientos, dentro de esa cabeza con cabellos mal peinados, era la idea loca de hacer 5 exámenes finales para acreditar las cinco materias del semestre que estaba a punto de reprobar.  Tenía vagamente planeada una agenda loca, para estudiar el lunes dos materias, una cada mitad del día, presentar los exámenes el martes y el miércoles, estudiar la mitad del miércoles y todo el día jueves las siguientes tres materias para presentar los exámenes el viernes. 

No estaba estudiando en la biblioteca de la facultad porque la parecía muy ruidosa y sucia. No parecía biblioteca en realidad, con toda la gente hablando y discutiendo, preguntando si estabas estudiando o haciendo la tarea. Pero más que nada, él temía encontrarse a alguien que le preguntara por el final del semestre y descubrieran el plan loco que estaba pensando por hacer. El se sentía capaz, pero no sabía estudiar, a la vez, realmente era una locura aprender tantos conceptos en tan pocas horas, siendo que incluso no había entendido muchos conceptos básicos. ¿En qué había consumido todo el tiempo de su semestre? Habían comenzado los reproches dentro de su cabeza. 

La biblioteca donde está ahora es la nueva biblioteca nacional. No está dentro de la universidad, está a unos 5 kilómetros lejos, pero es mejor, que las bibliotecas de la universidad, edificios viejos y con poca ventilación, y compañeros preguntones. La nueva biblioteca nacional tiene en su último piso muchas ventanas de vidrio y un gran balcón donde se puede ver toda la ciudad. El atardecer se mira hermoso. Sería bueno hacer en este lugar algo que te guste, ¿no? - el muchacho se pregunta a si mismo. Pero nadie puede saber, él estando encerrado en esa pila de libros. 

¿Qué es lo que más quisieras hacer en este momento? Dejar esos libros tortuosos, y ponerme a escribir cuentos. Desde hace 2 años, él ha tratado de escribir un libro de cuentos. Tiene esbozos de lo que son las historias, un libro que entrelace historias y lugares, un libro que ocurra en el mismo lugar, un lugar parecido a Luvina, o Macondo. 

Entonces, decidió ya no presentar los exámenes y ser libre. La semana la dedicaría a escribir cuentos. Y comenzó a hacerlo en su laptop. 

Pero inmediatamente se dió cuenta que escribir cuentos es muy difícil, trató el siguiente día y el siguiente, y eso no rindió frutos. 


sábado, 6 de septiembre de 2025

Dos líneas cayendo del cielo

Dos misiles parecían caer del cielo. La tarde anterior, había sonado la alarma de guerra en la ciudad. Yo estaba pedaleando en la bicicleta, entre el bosque y en medio de campos desconocidos. Tenía miedo de ver el fuego arder en el horizonte. ¿Había escalado la guerra en Ucrania? Me podría seguir, lo más lejos posible. Tenía mi bicicleta, podía seguir hasta donde me agarrara la noche. Cruzar el país hasta una zona segura. Pero el fuego no ardió en el horizonte, tampoco supe qué eran esas dos líneas que eran rastros en el cielo, ¿dos aviones? ¿dos misíles? 

Museo egizzio de Torino

Mis amigos me aceptaron tal cual soy. Mis amigos entendieron que no tendría historias divertidas que contarles, esas historias donde conoces...